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sábado, 10 de febrero de 2018

La prisión sin razones de Carlos Zannini




Estimado Carlos:

Hace algunas semanas publicaste una carta abierta en la que preguntabas: ¿Puede alguien, en derecho, explicar mi prisión? A los pocos días te respondieron Raúl Zaffaroni y luego, Julio Maier. Ambos, aún con sus diferencias, entendían que no había razones fundadas en derecho para tu detención preventiva. Luego otros colegas sumaron sus voces y esta semana lo hizo nuestra querida Estela de Carlotto. Mi intención de contestarte no obedece a la posibilidad de agregar algo a lo que ya han escrito quienes considero mis Maestros, sino en el hecho de sentirme interpelada, por tu carta abierta, como profesional del derecho, como docente de derecho penal y como militante que trabaja de abogada.

No puedo dejar de decirte, a priori, que lamentablemente los operadores judiciales de nuestro país hacen un abuso de la prisión preventiva, transformando —para ciertos delitos y para algunos imputados— la excepción en regla. Un instituto que debería tener como finalidad exclusiva el aseguramiento del proceso y la justicia —que la persona no se fugue, ya que no hay juicio en ausencia, y que no entorpezca la investigación— se utiliza para otros variados fines, según sea el caso. Esta afirmación se puede ver en los guarismos que reflejan que hoy el 49% de las personas detenidas lo están en carácter preventivo [1]. Se trata de un mal endémico del Poder Judicial que tiene múltiples causas, pero todas ellas se encuentran atravesadas por la falta de respeto —y de registro— a/de la dignidad del ser humano de parte de los operadores.

Dicho esto que bien podría explicar —no desde el derecho, por cierto— muchas prisiones preventivas, está claro que ese argumento no alcanza para explicar la tuya, por varias cuestiones. En principio, la grotesca imputación por la que te procesaron [2] —que por razones de extensión no abordaré aquí— es de por sí una de persecución política inédita en la historia del derecho argentino: criminalizar un acto de gobierno en el que intervinieron el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, que luego es declarado inconstitucional por el Poder Judicial, subsumiendo esos hechos en el delito de traición a la patria. Pero, como bien expresás en tu carta, posteriormente la Cámara Federal de Apelaciones modificó la calificación de esos hechos, quitando la imputación de traición a la patria, y dejando la de un encubrimiento agravado —pena de prisión de 1 a 6 años— , de un estorbo funcional —pena de prisión de 15 días a 6 meses— y un abuso de autoridad —pena de prisión de 1 mes a dos años—. El máximo de estos delitos en concurso es el de 6 años y el mínimo 1.

El hecho de que no tengas ningún antecedente previo hace pensar que incluso en un escenario hipotético en el que te pudieran condenar por esos hechos, esa pena podría quedar en suspenso. Es por eso que en estas situaciones, más que en ninguna otra, se debería probar en la causa que la persona imputada ha demostrado de algún modo que intentará profugarse o que amedrentará a testigos o podrá hacerse de prueba necesaria —informes, documentos, etc.—. Sin embargo, ni de la causa ni de las resoluciones judiciales surge fundamento alguno de este tipo para justificar tu prisión preventiva. Hasta aquí podrían ser las razones del derecho.

Y quizás no haya razones del derecho porque, como escribí hace unos meses, lo han matado: “Ya se anunciaron la muerte de dios y la de la Historia, llegó el momento de asistir a la muerte del derecho” [3].

Históricamente, el Poder Judicial ha tenido un rol político —quizás debamos todxs hacer mea culpa de no haber podido develarlo a tiempo—; sin embargo, resultaba inverosímil, en un marco democrático, la activa y decisiva acción judicial en la actual persecución a oponentes políticos, militantes, sindicalistas y dirigentes indígenas. En ese sentido no estás solo. La persecución a Lula, a Cristina, a Milagro y a una larga lista de compañerxs da fe de eso.

Lo que quizás me movió a contestarte fue el hecho de que, entre todas las injusticias que nos atraviesan en estos tiempos hostiles, la tuya tiene una particularidad: vos estuviste cuatro años preso por el terrorismo de Estado, por razones estrictamente políticas. Tu detención dependía del Poder Ejecutivo que, sin descaro ni presunción de legalidad, privaba de la libertad mediante decretos —en el mejor de los casos— a miles de personas. Hoy, cuarenta y tres años después, nuevamente son razones políticas las que te llevan a perder tu libertad. Aquellos que trabajamos en la búsqueda de la Justicia por los hechos más atroces de nuestra reciente historia, nos vemos interpelados por nuevas persecuciones, nuevas privaciones de la libertad y nuevas violaciones a los derechos humanos: otra vez nos quieren llenar de miedo a todos lxs que soñamos “con un mundo mejor, sin exclusión con más igualdad, solidario y protector de familias e individuos” [4], parafraseándote.

No sé si lo que te afecta hoy “quizás ocupe una simple línea en la historia universal de la infamia” [5], pero no tengo dudas de que quienes hoy nos gobiernan, nos persiguen, nos criminalizan, nos ajustan, nos quitan derechos, venden nuestra patria, regalan nuestra soberanía e hipotecan nuestro futuro, tendrán un lugar destacado en esa historia universal.



[1] Datos del año 2016 del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEEP) del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos: de 76.261 individuos privados de su libertad, más de 35.000  no tenían una condena en su contra – el 49%-.

[2]  Para ver en más detalle: https://www.elcohetealaluna.com/gobierno-los-jueces/

[3] https://www.pagina12.com.ar/75165-la-muerte-del-derecho

[4] Carta de Carlos Zannini a Cristina Fernández de Kirchner escrita desde la cárcel  el 13 de diciembre de 2017.

[5] Ídem.




Carta abierta de Carlos Zannini
18-01-2018

¿Puede alguien, en derecho, explicar mi prisión?

Desde el 10 de diciembre de 1987 hasta el 10 de diciembre del 2015 ejercí la función pública.
En esos casi treinta años no fui nunca denunciado ni sufrí causa judicial alguna.

Ejercí como secretario de gobierno municipal, ministro de gobierno provincial, fui electo diputado provincial por dos períodos, convencional constituyente provincial por dos veces, miembro y presidentes del Tribunal Superior de Justicia y secretario de Legal y Técnica de la Nación por tres períodos constitucionales. Luego de tales antecedentes compartí como candidato a vicepresidente de la Nación, la fórmula que obtuvo en la segunda vuelta más de 12.300.000 votos.

En diciembre del año pasado, sin que mediara solicitud de fiscal alguno (los intervinientes fueron tres) un juez de la nación me llamó a indagatoria y ordenó mi prisión preventiva.

El procesamiento, que era tan delirante que se inventaba una guerra, fue en parte (la más grave, supuesta traición a la patria) borrado de un plumazo por la Cámara Nacional de Apelaciones, de modo que hoy sólo subsiste un supuesto agravado, cuya investigación ya ha sido concluida según el propio juez dispuso.

Salvo en esta causa, no existe en la República Argentina persona alguna que por acusación semejante no esté, por lo menos, excarcelado.

¿Alguien puede explicar, en derecho, mi actual prisión?

Carlos Zannini
Ex secretario general de la Presidencia

jueves, 7 de diciembre de 2017

BONADIO: LA ESPADA DE CAMBIEMOS





El juez federal Claudio Bonadio dictó el procesamiento con prisión preventiva de Cristina Elisabet Kirchner. Además pidió su inminente desafuero al Senado de la Nación. La resolución fue dictada en la causa iniciada a raíz de la denuncia del fiscal fallecido Alberto Nisman por encubrimiento del atentado a la AMIA.

En una resolución de más de 360 páginas, ordenó las detenciones del exsecretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, quien fue arrestado en la madrugada de este jueves en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz; el dirigente Luis D'Elía, el excanciller Héctor Timerman –dispuso su arresto domiciliario-, el lobbista y militante islámico Jorge Alejandro "Yussuf" Khalil y el exlíder de Quebracho Fernando Esteche.



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“El presidente Macri es el máximo responsable de una organización política y judicial para perseguir a la oposición”.

Acompañada por legisladores de Unidad Ciudadana, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner brindó una conferencia de prensa para responder a la medida judicial dispuesta por el juez Bonadio, quien la procesó con prisión preventiva y pidió su desafuero.





“El cronograma judicial y mediático, apoyado y potenciado por los trollcenters del gobierno, no es inocente, al contrario, es planificado y obsceno”.








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El fallo de Bonadio por el encubrimiento en la causa AMIA


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El juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Raúl Zaffaroni sostuvo que el juez federal Claudio Bonadio “se pasó de línea” al ordenar las detenciones de la senadora Cristina Kirchner y ex funcionarios de su gobierno por el Memorándum con Irán, y lo cuestionó por ubicarse “como cabeza del revanchismo” iniciado con el advenimiento de Mauricio Macri en el poder.

A todos se los acusa de pretender encubrir a los acusados por el atentado contra la AMIA, ocurrido hace 23 años durante el gobierno de Carlos Menem, sobre la base de una denuncia por supuesta "traición a la patria" formulada en 2015 por el fallecido fiscal Alberto Nisman. Para Eugenio Zaffaroni, esta denuncia hecha por el ex titular de la UFI-AMIA “es un disparate”. “Es una aberración decir que hay traición a la patria, si no hay guerra”, que es lo que presupone la Constitución.









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La historia de Claudio Bonadío

En los últimos años, el juez Claudio Bonadio comenzó a ganar protagonismo dentro de las páginas judiciales de los principales diarios y portales de noticias por sus investigaciones al poder político de turno, llevando adelante causas como el enriquecimiento ilícito de Ricardo Jaime, interviniendo en las multas de Guillermo Moreno a las consultoras privadas que mostraban sus propios índices de inflación, y en estos últimos meses por la famosa causa de las empresas ligadas a la familia presidencial a la que se llamó "Hotesur, pero que incluye varias sociedades más.

Sin embargo, la historia del juez dentro de los pasillos de Tribunales empezó a escribirse mucho antes que la mayoría de la sociedad conociera siquiera su nombre, cuando en el año 1992 se creó el sistema de juicio oral y público y se amplió el número de juzgados de seis a doce.

Su llegada al juzgado federal número 11:

El gobierno menemista decidió designar a jueces que no venían precisamente de las entrañas de los Tribunales, sino a los más cercanos, siendo uno de los beneficiados Claudio Bonadio, quien por ese entonces ya había sabido desempeñar sus funciones dentro de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia, donde hizo muy buenas migas como subsecretario de Carlos Corach, un soldado del entonces presidente, Carlos Saúl Menem.

1996: Cavallo y la famosa "servilleta" de Corach con los jueces menemistas:

Cuatro años más tarde, en 1996, el juez Bonadio afrontaría por primera vez la exposición mediática, cuando el entonces opositor Domingo Cavallo denunció frente a los medios de prensa la existencia de una servilleta escrita a puño y letra por Carlos Corach, donde éste le enumeraba los nombres de los jueces que "jugaban a favor del gobierno".

Por esa denuncia, varios jueces que se encontraban en la lista comenzaron a ser investigados y fueron apartados de sus cargos. Sin embargo, Bonadio, que acumulaba cuatro denuncias ante el Consejo de la Magistratura, supo resistir en el cargo.

2001: Procesamiento a periodista de Clarín por difundir declaración jurada de funcionario menemista:

El 5 de junio del año 2000, el periodista del grupo Clarín, Marcelo Bonelli, publicó un artículo en la página 10 del diario titulado "Alderete, en apuros con la DGI: no puede justificar 600 mil pesos", donde se detallaban las inconsistencias de la declaración jurada del ex interventor del PAMI en la última etapa de Carlos Menem.

Un año más tarde, el juez Claudio Bonadio procesó al periodista por el delito de violación del secreto fiscal. Para justificar la decisión, el magistrado planteó una "colisión" entre los derechos de libertad de expresión y la intimidad, señaló que "la libertad de prensa debe ceder" y destacó que "ella no es ilimitada".

Bonelli, en ese entonces, apeló el fallo y afirmó que si la Cámara resolvía en su contra, sentaría precedente y los periodistas no podrían investigar la evasión fiscal de los poderosos de turno. Ya en 2001, la Cámara falló en favor del periodista, quien fue sobreseído gracias al derecho de libertad de expresión y prensa.

2004: Absoluciones y devolución de favores en la causa PAMI:

En el año 2004 y tras sobreseer a varios funcionarios del menemismo vinculados en casos de corrupción, como el ex interventor de PAMI, Víctor Alderete, la Oficina Anticorrupción denunció a Bonadio, tras atribuirle"incumplimiento de deberes, prevaricato y tráfico de influencias" por manejos sospechosos en una causa para favorecer al ex director de PAMI.

La presentación explicaba que el magistrado tuvo a cargo durante más de cinco años una investigación sobre maniobras fraudulentas en el PAMI para favorecer a la firma Fegera con el monopolio de las prestaciones geriátricas y la administración discrecional de fondos, y que omitió citar a un alto funcionario vínculado a Carlos Menem "con el fin de cumplir con la palabra que le habría dado al ex ministro del Interior Carlos Corach, quien a pedido del ex presidente le habría solicitado desvincularlo".

2005: Apartamiento y "cajoneo" de la causa por encubrimiento en AMIA:

Un año más tarde, Bonadio fue apartado de la causa que investigaba el encubrimiento y las pistas falsas plantadas en la causa por el atentado terrorista a la mutual judía AMIA.

Los motivos del apartamiento eran varios, pero la acusación más significativa era por haber estado cinco años sin mover el expediente, beneficiando así a su colega amigo Juan José Galeano y a su ex jefe Carlos Corach, ambos acusados de manipular la causa AMIA.

2014: Seis expedientes en su contra en el Consejo de la Magistratura:

Según publicó la Revista Veintitres en noviembre del año pasado, el juez Bonadio acumula 6 causas en su contra dentro del Consejo de la Magistratura, la mayoría de ellas por "cajonear" causas y demorar injustificadamente los procesos judiciales según el caso.

La más resonante de ellas tiene que ver con una defraudación del Estado en la privatización de la empresa Tandanor. En ella, el letrado Ezequiel Nino, de ACIJ, denuncia a Bonadio por "por mal desempeño en el ejercicio de sus funciones", donde "se le cuestiona al magistrado una demora injustificada en el trámite de dichas actuaciones".




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